La constante prisa, la ansiedad, los ritmos desajustados, la apuesta por la rapidez, inmediatez, lo material y la facilidad; la ceguera emocional, la inconsciencia, la comodidad y la inmadurez generan fealdad, dolor, maldad, soledad y destrucción. La prisa crónica es (un síntoma oculto e innecesario) puesto que no da paso a algo nuevo y mejor, sino que se convierte en el fin por sí mismo y es una forma desesperada de llenar el vacío existencial.

La prisa nos apresa. Al quererlo todo y quererlo ¡ya! Podemos incluso fomentar la violencia. Conoce algunas rutas de liberación y ponle fin a tu condena...

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Pilar Lomelín

Nació en la Ciudad de México, egresada de la carrera de pedagogía por la UNAM, tiene una especialidad en sexualidad y género y otra especialidad en derechos sexuales y reproductivos realizados en el PUEG-UNAM. Estudió la maestría en filosofía en el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos CIDHEM. Realizó una maestría en terapia familiar sistémica y una especialidad en pareja en CRISOL; es postulante para obtener el grado de doctora en antropología social en Colegio de Morelos. Experta en autoconocimiento, sexualidad y relaciones humanas en Terapia de Reencuentro, con Fina Sanz en el ITR de Valencia, España. Cuenta con experiencia en el diseño de modelos de atención para el Instituto Nacional de Salud Pública y el Instituto José María Luis Mora.

Máster en Ecología Emocional por el Institut D’Ecología Emocional México, sede CDMX.

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